lunes 1 de diciembre de 2008

HMed - Las Cruzadas (I): su origen


Con la conquista en 1076 de la ciudad de Jerusalén por parte de los seleúcidas, se inicia en la Europa cristiana un movimiento destinado a la recuperación de la ciudad santa que será conocido como las Cruzadas. Estas campañas, generalmente militares, fueron promovidas desde el papado con medidas que iban desde el patrocinio económico hasta la concesión de indulgencias o priviliegios a aquellos que fueran a defender la causa cristiana ante la herejía islámica.

Pero, desde luego, no fueron los intereses espirituales los únicos que motivaron estas "santas guerras". Son muchos los que piensan, como yo, que estos motivos enmascaran las verdaderas razones, si bien es cierto que las dota de cierto legitimismo que servía, al tiempo, para enardecer las lalmas y el espíritu de los combatientes.

¿Qué motivos? Probablemente los deseos de riqueza por parte de la nobleza feudal europea, la importancia del comercio con Asia o el haber encontrado una vía para imponerse como soberano hegemónico (primus inter pares) de la Europa cristiana (algo en lo que psuieron muchísimo interés los propios Pontífices, considerados también príncipes temporales al que añadían los poderes espirituales).

El término "Cruzada"

Autores de la misma época ya usaron este término o alguno similar para definir este tipo de empresas y, desde el principio, adquirieron ese halo de misticismo y espiritualidad con el que envolvieron los enfrentamientos contra los musulmanes especialmente, pero no en exclusiva (se hicieron cruzadas contra paganos, herejes, excomulgados...).

Aunque las crónicas contemporáneas y la literatura moderna han hecho un uso indiscriminado de este término (la propaganda bélica de las grandes guerras del siglo XX siempre hacían referencia al conflicto como una cruzada que había que librar para liberar a la patria de la opresión), lo cierto es que las Cruzadas, como tal, sólo se dieron en la Europa cristiana medieval. Era, en sentido estricto, la unión de todos los pueblos y soberanos europeos bajo el mando de los Papas en busca de un objetivo común y necesario para la cristiandad (a su entender, claro).

Entender esto, más allá de sus causas y sus consecuencias, es vital para poder comprender lo que las Cruzadas significaron en el devenir de la Historia y cuyas consecuencias nos alcanzan incluso hoy.

miércoles 26 de noviembre de 2008

HAnt - Las Guerras Médicas (V): La tercera guerra y Pericles

Tras la segunda guerra, tanto atenienses como espartanos fundaron la Liga Ático-Délica, cuyo principal objetivo sería el de proteger Atenas y las ciudades griegas de la Jonia. Sin embargo, un cambio se había producido: Atenas tomaba el mando, convirtiéndose en la cabeza de todas las poléis griegas, por encima de Esparta.

La agrandada figura de Temístocles se convirtió, además, en el principal rival de Esparta. Empezó a levantar fortificaciones en las ciudades más cercanas a Atenas, hasta concluir los llamados Muros Largos, una muralla construida desde la ciudad hasta los puertos de el Pireo y Falero. Ante las protestas espartanas, famosas fueron entonces sus palabras:

"Los atenienses no os pidieron opinión para abandonar la ciudad a los persas y embarcar sus navíos. Y hoy tampoco necesitan vuestra autorización para fortificar su ciudad"


La batalla del río Eurimedonte (465 a.C.)

Su enemistad con Esparta fue, sin embargo, la causa de que fuera mal visto en su propia ciudad por las élites que defendían la alianza. Fue condenado al ostracismo y Temístocles se refugió en las cercanías del Imperio Persa. La tradición cuenta que, cuando el nuevo rey persa intentó usar sus conocimientos para efectuar un nuevo ataque contra Grecia, Temístocles se envenenó a si mismo, aunque nada se sabe a ciencia cierta.

Artajerjes I, el nuevo rey persa (ascendido al trono en el año 465 a.C.), concentró sus actuaciones en debilitar la flota de la Liga. Surge entonces la figura de Cimón, hijo de Milcíades (el vencedor de Maratón), que condujo al ejército hasta la actual Turquía, donde derrotó al ejército persa en la batalla del río Eurimedonte, liberando Caria.

La llegada de Pericles

Tras la victoria, Cimón promulga una nueva amistad con Esparta, cosa que no agrada a los atenienses. Cimón es desterrado por orden de Efialtes, que no duró mucho en el poder y cuyo sucesor fue el gran Pericles, que dominará la política ateniense durante casi todo el siglo V a.C.

Durante su mandato, hizo regresar a Cimón de su exilio y firmó con Artajerjes un tratado de paz, la Paz de Cimón (448 a.C.). Este tratado puso fin a las llamadas Guerras Médicas.

Este periodo de la historia griega supuso un cambio en el equilibrio de la Hélade, pues Atenas sustituía a Esparta como fuerza hegemónica. Es curioso pensar que estas batallas, que fueron reflejo de la unión griega en contra de un enemigo común, dejaron al finalizar una situación mucho más atomizada en la Grecia antigua. Atenas y Esparta, junto a sus respectivos aliados, se verán enfrentados en una lucha de poder que desembocará en las llamadas Guerras del Peloponeso (431 a.C. - 404 a.C.). Por otra parte, estas guerras detuvieron el avance territorial persa y evitaron su incursión en la Europa continental.

martes 25 de noviembre de 2008

HAnt - Las Guerras Médicas (IV): La segunda guerra, Salamina y Platea

Temístocles, el arconte ateniense, temeroso del efecto que el incendio de la Acrópolis y la rápida evacuación de la ciudad podían causar entre sus tropas, se apresuró a forzar las operaciones. Frente a los peloponesios, que pretendían una defensa en el Istmo de Corinto y el uso de la flota como fuerza auxiliar, Temístocles eligió Salamina como parte central de la batalla, una elección de suma importancia tal y como recoge el propio Heródoto, "pues no alcanzo por cierto de qué hubieran podido servir las fortificaciones construídas sobre el Istmo si el rey persa hubiera logrado la superioridad sobre el mar".

La batalla de Salamina (23 de septiembre, 480 a.C.)

Se cree que Temístocles forzó la batalla mediante un engaño, pues envió a uno de sus esclavos, de nombre Sicino y de origen persa, para que difundiera la noticia de que había disensión entre los griegos y que muchos navíos huirían amparados en la noche antes de que llegara la flota persa. Jerjes creyó el engaño por lo que ordenó cercar la salida de la isla de Salamina, donde permanecía la flota griega, aun cuando había diferentes opiniones dentro de su consejo (Mardonio prefería el ataque mientras que Artemisia de Caria(1) aconsejó la espera y el asedio).

La realidad fue que Temístocles convenció al líder espartano Euribíades para entablar la batalla en el angosto canal de Salamina, en vez de hacer en mar abierto, pues sus naves eran más finas y manejables que las pesadas naves persas. Con la trampa tendida, la flota griega se dispuso a hacer frente a la persa.

En aquella batalla se dieron cita, por parte griega, 180 navíos atenienses y más de 350 navíos de otras poléis, incluída Esparta. Entre sus líderes se encontraban Euribíades, almirante de las fuerzas aliadas (mando que correspondía a Esparta), Plistarco (el sucesor de Leónidas en el trono espartano) y, sobre todos ellos, Temístocles, almirante y arconte de Atenas.

Las fuerzas persas, al mando del propio rey Jerjes, estaban lideradas por el general Mardonio. En cuanto a número de hombres (y frente a los más de 2,5 millones que dice Heródoto) se cree que superaban los 150000. Se tiende a pensar que poseían más de 1150 naves de combate y unas 30000 de transporte. Poco más se sabe.


Cuando las naves persas empezaron a ingresar en el canal, la ventaja que Temístocles previó se hizo realidad y las columnas de naves persas se deshicieron ante la maniobrabilidad de las griegas. El desesperado intento persa de retirada sólo empeoró las cosas. Se cree que aquella batalla duró más de 8 horas. Se saldó con 40 naves perdidas por parte griega y más de 200 por parte persa, además de los barcos capturados.

Tras la derrota, y preocupado por los levantamientos que podrían sucederse en la Jonia, Jerjes se retiró dejando una parte de sus ejércitos al mando de Mardonio.

La batalla de Platea (27 de agosto, 479 a.C.)

La única salida viable para las fuerzas persas era firmar la paz con los griegos. Mardonio inició varias negociaciones de paz, todas ellas rechazadas por Atenas ante el silencio de Esparta. El propio Mardonio se entrevistó con Arístides, general ateniense, y éste, rechazando la paz, exigió entonces a Esparta que actuara en contra de los persas si quería seguir manteniendo la lealtad del resto de poléis. Un ejército espartano, al mando de Pausanias y compuesto de 10000 hóplitas, a los que se unieron las fuerzas del resto de aliados (incluidos 8000 atenienses), hasta un total de 40000, marchó hasta las faldas del monte Citerón. Por su parte, el ejército del general Mardonio estaba compuesto de, aproximadamente, 120000 hombres.

Intentando evitar que se unieran mayores contingentes a las fuerzas griegas, Mardonio envió a su caballería contra las ordenadas filas de hóplitas, que las resistieron. Debido a la escasez en el suministro de agua, los griegos hubieron de moverse hasta la llanura de Platea. Pausanias situó a los espartanos a la derecha, a los atenienses a la izquierda y al resto de aliados en el centro. Allí, en terreno abierto, las fuerzas se igualaron. Así permanecieron, sin atacarse, durante ocho días.

El enfrentamiento se dio por fin y, a pesar de que la caballería persa contaba con una mayor ventaja, las bien equipadas y ordenadas falanges griegas acabaron imponiéndose. El general Mardonio murió durante la batalla y la victoria griega fue completa.

-------------------

(1) Artemisa I de Caria fue tirana de Halicarnaso y aliada de los persas durante la Segunda Guerra Médica. Es considerada la primera mujer general de la Historia y se sabía que Jerjes la tenía en alta estima.

lunes 24 de noviembre de 2008

HAnt - Las Guerras Médicas (III): La segunda guerra, las Termópilas y Artemisio

LA SEGUNDA GUERRA MÉDICA

Existen pocos datos acerca de lo que ocurre entre la primera y la segunda guerras. Tras la pena de ostracismo(1) impuesta a Milcíades por su fracaso en el Egeo, la figura que sobresalió sobre todas fue la de Temístocles. Bajo su arcontado se encontraron los importantes yacimientos del Laurión, cuya explotación fue destinada a la construcción de una flota, un auténtico ejercicio de visión por parte del arconte que pareció adivinar que el futuro de Atenas y del resto de Grecia (tal vez, de nuestra civilización, tal y como la conocemos hoy) se jugaría en el mar.

En el Imperio persa, asciende al trono Jerjes en 485 a.C., dispuesto, como su padre, a no olvidar la afrenta ateniense. Las revueltas egipcias y el levantamiento de Babilonia simplemente retrasaron un objetivo que el nuevo rey tenía en mente, seguramente, desde antes de su coronación. Sin embargo, este tiempo benefició los esfuerzos de Temístocles a la hora de reforzar su flota. Jerjes se tomó muy en serio la fortaleza griega y para ello, como nos cuenta Heródoto, tomó decisiones con miras a no cometer nuevamente los errores pasados.
  • Mandó excavar un canal a través de la península de Acté para evitar el desastre naval a la hora de llevar tropas.
  • Organizó depósitos de víveres y materiales a lo largo de las costas tracia y macedonia.
  • Construyó un doble puente flotante de barcos a través del helesponto para facilitar el paso de las tropas de un lado a otro.
Jerjes, enemigo de la paciencia según se le ha retratado casi con constancia, pasó al ataque tan pronto pudo. Había reunido un ejército y una flota considerables, dispuesto a atacar por ambos frentes al tiempo. La falta de defensas en la Grecia septentrional hizo que ésta se sometiera sin lucha a Jerjes.

La reunión de los griegos ante la nueva amenaza, más poderosa que la de Darío "el Grande", sacó a la luz las tensiones y disensiones entre las poleis, sobre todo a la hora de fijar el primer punto defensivo. Atenas pretendía apostarse cerca de sus territorios, quizás los más amenazados; Esparta, intentando proteger la débil estabilidad del Peloponeso, intentaba mantener sus tropas al sur del itsmo de Corinto. Finalmente, se optó por un doble emplazamiento: el terrestre en el paso de las Termópilas y el marítimo, en Artemisio.

La batalla de las Termópilas (agosto, 480 a.C.)

En esta batalla se enfrentaron, por parte griega, unos 300 espartanos, junto a 700 tespios y unos 6000 aliados más de orígenes diversos (tegeos, arcadios, corintios, micénicos, etc.), todos al mando de Leónidas I, rey de Esparta. por parte persa, aunque heródoto hablaba de más de 5 millones de hombres, los estudios hablan de una cifra de entre 150000 y 400000 hombres.

El paso cerrado de las Termópilas era un lugar más que adecuado para contener a las tropas persas. Las ordenadas filas espartanas y su superioridad en el combate cuerpo a cuerpo les hacía allí superiores e invalidaba su inferioridad numérica. Pero un tránsfuga de los griegos anunció a los persas la existencia de un sendero oculto que daba a la retaguardia espartana. Aunque la mayoría de los combatientes replegó su posición para fortalecer las defensas más cercanas a las polis. Para darles tiempo, Leónidas y sus soldados decidieron asumir la defensa del paso hasta el final, en compañía de los tespios y los tebanos. Esta gesta fue rápidamente extendida entre los griegos, otorgando más fama a los espartanos e inflamando el ardor de los griegos.


La batalla de Artemisio (agosto, 480 a.C.)

Cuando llegaron las noticias de la caída de las Termópilas, la batalla se encontraba indecisa. La decisión griega fue replegarse, una vez los ejércitos terrestres persas avanzaban ya hacia el sur. Así pues, se replegaron hacia el Ática y evacuaron la ciudad. Aunque durante largo tiempo se ha creído que fue fruto del temor, recientemente se descubrieron documentos en los que estas maniobras, así como la espera de la otra mitad de la flota griega en Salamina, fueron ideas de Temístocles. Los persas, al mando del gran general Mardonio, tomaron la Acrópolis e incendiaron sus edificios. La reconstrucción de la ciudad y la restauración de sus templos tras las destrucciones persas fueron objetivo primordial de Pericles.

Aún así, los planes de Temístocles se llevaron a cabo: atraer a la flota persa hacia Salamina y entablar allí una batalla llamada a ser una de las más importantes de la Historia.

-------------------------

(1) Ostracismo: Era la pena de destierro impuesta a algún ciudadano griego no grato o considerado para el bien común. Esta ley fue decretada en Atenas en el año 510 a.C., por parte de Clístenes y fue puesta muy en práctica contra los conocidos tiranos.

domingo 23 de noviembre de 2008

HAnt - Las Guerras Médicas (II): La primera guerra y Maratón

LA PRIMERA GUERRA MÉDICA

Los años entre el fin de la revuelta jonia y la primera expedición de castigo persa sobre las ciudades de Eretria y Atenas, sirvieron para poner en orden las cosas y organizar el avance de castigo contra Grecia. La Jonia había vuelto a manos persas pero a Darío no se le olvidaban los atenienses. Por ello, encargó la dirección de la represalia a su sobrino Artafermes y al noble Datis.

Mientras, en Atenas, el ya elegido arconte Temístocles empezó a fortalecer su flota, así como el puerto del Pireo. Su rival político fue Milcíades, miembro de una de las grandes familias atenienses huidas de la jonia antes de la invasión persa. Él mantenía que la defensa principal debía realizarse con los hóplitas en tierra, idea muy extendida en la época, lo que le valió el mando de los ejércitos.

En el año 490 a.C., la flota persa se hizo a la mar y conquistó las islas Cícladas y Eubea. El ejército comandado por Datis, desembarcó en el Ática, más concretamente en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipias, anterior tirano de Atenas refugiado en la corte de Darío. Se eligió aquella llanura par hacer valer el mayor poderío de la caballería persa.

Maratón (septiembre, 490 a.C.)

Allí, en Maratón, las fuerzas atenienses se desplegaron esperando el ataque persa. Milcíades envió al corredor Filípides a Esparta para solicitar ayuda. Éstos prometieron enviar ayuda tres días después, cuando finalizaran sus festividades religiosas (la festividad de la karneia, una festividad relacionado con la cosecha, impedía combatir a los espartanos durante su celebración). Aún así, es más que probable que otras razones, de índole política, influyeran en la decisión de la otra gran potencia griega. Por tanto, sin la ayuda espartana, Milcíades hizo frente a las fuerzas persas.

Según las fuentes, siendo la principal Heródoto, las fuerzas atenienses contaban entre 10000 y 15000 combatientes, aunque la más aceptaba es en torno a los 12000, una vez se les unió una pequeña fuerza procedente de Platea. Las fuerzas persas estaban cera de los 40000 hombres.

La llanura de Maratón no era especialmente amplia y estaba flanqueada por pequeños cerros, lo cual limitaba las maniobras de la caballería persa. Las fuerzas hóplitas consiguieron desplegarse y bloquear el acceso a la meseta del Ática, una posición ligeramente más elevada que la de los invasores. Instados por Milicíades, frente a otros dirigentes que pretendían mantener aquella posición aguardando los refuerzos espartanos, los atenienses atacaron.

La formación típicamente hóplita fue ligeramente modificada por Milcíades. Dio el mando de los flancos a Calímaco y a un general de Platea, mientras que Temístocles y Arístides dirigían el cuerpo central, el cual Milcíades había debilitado para reforzar los flancos. Mientras avanzaban, las pesadas corazas y los escudos les protegieron de las flechas persas.


Tras el choque inicial, resuelto favorablemente a los atenienses, los ejércitos persas se rehicieron con la aparición de la caballería y los lanceros contra el cuerpo central debilitado de los griegos. Este cuerpo central cedió, pero los flancos reforzados crearon un cerco alrededor de los persas, que se vieron obligados a replegarse hacia las naves. Los atenienses, que ejecutaron a numerosos enemigos durante la huida, se hicieron con ocho naves enemigas. El resto, por orden de Astafernes, se dirigió hacia Atenas que permanecía desguarnecida.

Las bajas de aquella batalla ascienden a unos 6000 persas y a unos 200 hóplitas, incluyendo la baja de Calímaco.

La marcha hacia Atenas

Milcíades envió por delante a Filípides para levantar la moral combativa de la ciudad. Éste, tras dar la gran noticia de la victoria en Maratón, según la tradición, cayó muerto por el esfuerzo (aunque la teoría más probable es que muriera por las heridas recibidas en la batalla). Los hóplitas llegaron a las cercanías del puerto del Pireo a marcha forzada. La desmoralización persa hizo que el indeciso Astafernes no diera la orden de desembarcar y sí la de dirigir las naves hacia el Asia Menor.

El victorioso Milcíades quiso aprovechar la victoria de Maratón para expandir el poder de Atenas por el resto de la Hélade. Envió a parte de la flota contra las tomadas islas Cícladas, pero fracasó, llegando a desilusionar a los atenienses que le llegaron a ver como un tirano que despreciaba las leyes. Por heridas recibidas, Milcíades murió y Temístocles retomó las riendas atenienses. Durante este tiempo, las principales polis griegas firmaron la symmaquia, un pacto militar para protegerse de otro posible ataque persa. Según este pacto, correspondería a Esparta la dirección de los esfuerzos militares. La consecuencia más plausible fue una tregua general que permitió los trabajos de Temístocles en la flota.

sábado 22 de noviembre de 2008

HAnt - Las Guerras Médicas (I): precedentes

Reciben el nombre de Guerras Médicas los enfrentamientos entre el Imperio Persa y algunas de las ciudades-estado o polis griegas durante el siglo V a.C. En nombre de "médicas" se debe a que los griegos usaban el término "medo" como sinónimo para identificar al pueblo persa, aunque la Media era un territorio colindante.

El Imperio persa


El Imperio persa (550-330 a.C.), como otros sistemas de dominio anteriores del Próximo Oriente, se basó en la ocupación permanente de los territorios conquistados y en la explotación de los mismos, pero con una escasa reestructuración de las organizaciones anteriores a su llegada. Muchas veces se limitaban a colocar a un "delegado" imperial, el sátrapa, dedicado únicamente a la leva de tropas y a la recogida de tributos. El resto seguía igual.

Sus conflictos con los griegos se iniciaron con la conquista de Sades, la capital lidia, por parte de Ciro, persa por parte de padre y medo por parte de madre. Heródoto recogió este hecho y se data en torno al año 547 a.C. Las relaciones de las polis griegas con Lidia habían sido sustancialmente buenas. La presencia persa en aquella parte del mundo y su imparable avance representaban una seria amenaza para aquellas ciudades griegas situadas allí, al igual que para algunas islas, especialmente Quios, Lesbos y Rodas. No hubo ninguna unión entre las polis jonias y cada una de ellas se enfrentó individualmente al poder persa. El poderío persa fue irresistible. Se crearon dos nuevas satrapías: Sardes y Dascilio.

El siglo VI siguió siendo una etapa de expansión. Ciro había continuado sus conquistas hacia el este, anexionándose Babilonia en 539 a.C. Cambises, su hijo, conquistó Egipto en 525 a.C. Su asesinato detuvieron temporalmente la expansión hasta que su elegido sucesor, Darío I, llamado "el Grande", acometió la empresa de someter a los países situados al norte del Egeo: Tracia y Macedonia.

La rebelión jonia

La teoría más usada para explicar la revuelta jonia, iniciadora de los conflictos greco-persas, fue el deterioro económico que esta zona sufrió, al perder su posición hegemónica como mediadora entre las polis griegas y la Lidia. Se encontraban en la periferia de un Imperio que no miraba hacia occidente, sino hacia su interior. De ahí que los griegos de Asia tuvieron la necesidad de librarse de aquella opresión mediante la revuelta.

La llamada jonia a la grecia continental tuvo varias respuestas. Mientras Esparta, considerada la protectora de grecia (protastés Helládos) la desoyó, pues su economía se encerraba en el Peloponeso, Atenas, que se había estado beneficiando de la economía lidia, consideró oportuna la intervención. Ante esta llamada y posible intervención, los persas facilitaron la reorganización de la economía jonia e impusieron tributos más ligeros. Pero no había vuelta atrás.

Ante la primera oposición griega, el retorno de los atenienses, por motivos desconocidos, a su polis y la desunión de los pueblos griegos hicieron que los persas retomaran sus posiciones con una fuerte represión hacia las ciudades jonias. Sin embargo, Darío otorgó tratados bastante generosos a estas ciudades jonias. La situación volvió a ser como la anterior de la revuelta de 499 a.C.

Por otro lado, Darío, que había concluido la reconquista de las ciudades griegas con la expedición de Mardonio a Tracia, decidió que la intervención de Atenas significaba una cosa: sólo dominaría las ciudades griegas de Asia por completo si sometía también a las ciudades de la Grecia europea. Es decir, Darío puso sus ojos en las grandes polis de occidente, iniciando así las Guerras Médicas.

Tras su retirada, los atenienses tampoco estaban contentos tras su retirada y la reconquista persa de la Jonia. Una de las medidas más importantes, sino la que más, tomada por Atenas fue la elección del arcontado de Temístocles, quien dio prioridad al desarrollo marítimo de Atenas (comenzó a construir el puerto del Pireo). Sin embargo, la aristocracia se resisitió, apoyándose en las clases hoplíticas cuyo jefe fue por entonces Milcíades, elegido estratego en 490 a.C.

-------------------------------

(1) Fuente del mapa: KINDER, H. y HILGEMANN, W. "Atlás histórico mundial (I): De los orígenes a la Revolución Francesa". Istmo. Madrid, 2000.

viernes 21 de noviembre de 2008

La división de la Historia

Actualmente, en la mayor parte de la enseñanza, se suele utilizar la división en cinco partes de la Historia: Prehistoria, Historia Antigua, Historia Medieval, Historia Moderna e Historia Contemporánea. Por necesidades prácticas, esta división se ha fijado en fechas clave que, por decirlo de algún modo, representan el cambio de mentalidad o un cambio importante que va a marcar la época siguiente y que la va a diferenciar de la anterior.

Por supuesto, esto es muy utópico. Nada sucede de la noche a la mañana. Ninguna batalla es decisiva por si sola, así como un descubrimiento no cambia el mundo o la caída de un gran Imperio no es causa, por si sola, para ver un cambio drástico en las costumbres de la época. Hagamos un rápido repaso:

PREHISTORIA

Tradicionalmente se ha defendido que la Prehistoria es todo aquello que ocurre antes de la Historia. Sus límites cronológicos, por tanto, se iniciarían en la aparición del hombre y finalizarían, según se ha convenido tradicionalmente, con la aparición de la escritura. Ambos son muy imprecisos.

Es casi imposible precisar la fecha de inicio. Nos debemos a la datación arqueológica, muy precisa en cuanto a época y, comprensiblemente, incapaz de darnos una fecha concreta. Pero, sobre todo, necesitaríamos la seguridad de que hemos hallado los restos más antiguos que pudieran existir, algo que nunca ocurrirá. Hoy en día, los restos antiguos más conocidos pertenecen al llamado Pleistoceno medio inferior, correspondientes al género Australopithecus, hace más de 4 millones de años, primer antepasado del que se sabe con seguridad que era bípedo. Los restos más antiguos fueron hallados en Taung, Sudáfrica.

HISTORIA ANTIGUA

Sus límites tradicionales se han establecido entre la aparición de la escritura y la caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476, fechas una muy imprecisa y la otra, por ser muy exacta, muy equívoca.

Los primeros documentes escritos datan del IV milenio antes de Cristo, a la civilización sumeria. Pero es de lógica pensar que la escritura debió de existir desde mucho tiempo antes. Es por eso que sus límites con la Prehistoria son tan difusos y, a menudo, una materia invade los supuestos límites penetrando en la otra. Esta Edad Antigua se caracteriza por la aparición de las primeras grandes civilizaciones: Sumer, Akad o Babilonia en Mesopotamia; los medos, los partos o los escitas en Persia; Palestina; Egipto, Cartago o Numidia en África; los indos; los olmecas en América; o, más cercanos, los fenicios, los etruscos, los hititas, los cartagineses, los griegos o los romanos en Europa. Son 4500 años repletos de diferencias.

Será el Imperio Romano, por cuestión de magnitud, el mayor representante de esta época y, por esta misma causa, será su desaparición la que de vida a un nuevo corte en la Historia: la Edad Media.

HISTORIA MEDIEVAL

Fechada entre la caída del Imperio Romano de Occidente (476) y la caída del Imperio Romano de Oriente (1453, año de la caída de Constantinopla por parte de los turcos).

El último emperador, Rómulo Augústulo, fue cesado en el año 476, pero el Imperio Romano venía decayendo desde casi dos siglos antes en sus costumbres y en su eficacia. La aparición de pueblos, llamados "bárbaros", que traspasan sus fronteras y se instalan en su seno, unas veces de forma aceptada, otras mediante la viiolencia, trastoca toda la vida imperial. El fin del Imperio era claro, pero fue un proceso, no un acto.

Dicho proceso alcanza los inicios de la Edad Media, una evolución de los sistemas de relaciones sociales y económicas que desembocarán en, quizás, la característica identificativa de esta etapa: el feudalismo. Un proceso que acabará desembocando en otro: la aparición de los Estados y del aboslutismo, típicos de la Edad Moderna. Desde luego, la caída de Constantinopla no refleja este hecho: es la imagen de la aparición en suelo europeo del islam, contrapuesto al tradicional cristianismo medieval, enfrentado ya a él en Tierra Santa, pero no en suelo propio. Es un cambio, pero no el más importante.

En España, nuestra Edad Media acaba un poco más tarde, en 1492 con el descubrimiento de las Américas por Colón, el inicio de un cambio de status que llevará a España a ser la gran potencia... Pero es obvio que aquel 12 de octubre de 1492 las cosas no cambiaron sustancialmente en el mundo.

HISTORIA MODERNA

La Edad Moderana se ha fechado entre la caída del Imperio Romano de Oriente (1453, el fin de las épocas antiguas) y la toma de la Bastilla en la Revolución francesa (14 de julio de 1789). Se le llamó moderna precisamente en contraposición a lo medieval. Era una filosofía de vida distinta. La aparición de movimientos como el Renacimiento o el Humanismo ayudaron a cambiar la mentalidad, no únicamente d elas personas, sino de la cultura, la economía o la política.

Esta Edad Moderna está caracterizada por la aparición del Estado, por la aparición de los grandes reyes absolutos, por la aparición de los grandes descubrimientos y de la primera economía-mundo, el primer capitalismo, el fortalecimiento de una burguesía financiera destinada a cambiar las cosas, la división de la cristiandad y muchas cosas más.

Será la evolución de ese primer capitalismo la que nos llevará a dar un gran salto en las relaciones eocnómicas (la llamada Revolución Industrial). Será la aparición de los Estados, con sus burocracias, las que abran la puerta de la mejora social. Y será esa burguesía creciente, reunidora del poder financiero, que desee tener los poderes políticos, la destinada a cambiar las relaciones sociales y de poder, la que cambiará la sociedad estamental por la sociedad de clases que aún perdura. Un proceso más de cambio.

HISTORIA CONTEMPORÁNEA


De momento no tiene fin y, aunque se le da como inicio tradicional la Revolución francesa, son muchos los procesos que nos han llevado a nuestra actual Edad.

En esta Edad han ocurrido cambios graduales pero, en comparación con las demás épocas, muy rápidos y vertiginosos. La sociedad de clases que nos domina apenas cambió en un siglo (cuando la sociedad estamental tardó varios siglos). La economía capitalista se alzó triunfante, a pesar de todo, en muy poco tiempo. Los nacionalismos, una idea romántica, se han propagado como la pólvora por todo el mundo. Hasta la forma de hacer la guerra cambió considerablemente. Las dos Guerras Mundiales así lo atestiguan. y así un centenar de cambios de los que, quizás, somos más conscientes, pero no de sus razones.

En resumen, la Historia es un proceso, más o menos acentuado. Esta división es puramente práctica y pedagógica, pero no os dejéis engañar: nada es comprensible sin lo previo.