
Con la conquista en 1076 de la ciudad de Jerusalén por parte de los seleúcidas, se inicia en la Europa cristiana un movimiento destinado a la recuperación de la ciudad santa que será conocido como las Cruzadas. Estas campañas, generalmente militares, fueron promovidas desde el papado con medidas que iban desde el patrocinio económico hasta la concesión de indulgencias o priviliegios a aquellos que fueran a defender la causa cristiana ante la herejía islámica.
Pero, desde luego, no fueron los intereses espirituales los únicos que motivaron estas "santas guerras". Son muchos los que piensan, como yo, que estos motivos enmascaran las verdaderas razones, si bien es cierto que las dota de cierto legitimismo que servía, al tiempo, para enardecer las lalmas y el espíritu de los combatientes.
¿Qué motivos? Probablemente los deseos de riqueza por parte de la nobleza feudal europea, la importancia del comercio con Asia o el haber encontrado una vía para imponerse como soberano hegemónico (primus inter pares) de la Europa cristiana (algo en lo que psuieron muchísimo interés los propios Pontífices, considerados también príncipes temporales al que añadían los poderes espirituales).
El término "Cruzada"
Autores de la misma época ya usaron este término o alguno similar para definir este tipo de empresas y, desde el principio, adquirieron ese halo de misticismo y espiritualidad con el que envolvieron los enfrentamientos contra los musulmanes especialmente, pero no en exclusiva (se hicieron cruzadas contra paganos, herejes, excomulgados...).
Aunque las crónicas contemporáneas y la literatura moderna han hecho un uso indiscriminado de este término (la propaganda bélica de las grandes guerras del siglo XX siempre hacían referencia al conflicto como una cruzada que había que librar para liberar a la patria de la opresión), lo cierto es que las Cruzadas, como tal, sólo se dieron en la Europa cristiana medieval. Era, en sentido estricto, la unión de todos los pueblos y soberanos europeos bajo el mando de los Papas en busca de un objetivo común y necesario para la cristiandad (a su entender, claro).
Entender esto, más allá de sus causas y sus consecuencias, es vital para poder comprender lo que las Cruzadas significaron en el devenir de la Historia y cuyas consecuencias nos alcanzan incluso hoy.
Pero, desde luego, no fueron los intereses espirituales los únicos que motivaron estas "santas guerras". Son muchos los que piensan, como yo, que estos motivos enmascaran las verdaderas razones, si bien es cierto que las dota de cierto legitimismo que servía, al tiempo, para enardecer las lalmas y el espíritu de los combatientes.¿Qué motivos? Probablemente los deseos de riqueza por parte de la nobleza feudal europea, la importancia del comercio con Asia o el haber encontrado una vía para imponerse como soberano hegemónico (primus inter pares) de la Europa cristiana (algo en lo que psuieron muchísimo interés los propios Pontífices, considerados también príncipes temporales al que añadían los poderes espirituales).
El término "Cruzada"
Autores de la misma época ya usaron este término o alguno similar para definir este tipo de empresas y, desde el principio, adquirieron ese halo de misticismo y espiritualidad con el que envolvieron los enfrentamientos contra los musulmanes especialmente, pero no en exclusiva (se hicieron cruzadas contra paganos, herejes, excomulgados...).
Entender esto, más allá de sus causas y sus consecuencias, es vital para poder comprender lo que las Cruzadas significaron en el devenir de la Historia y cuyas consecuencias nos alcanzan incluso hoy.















